miércoles, 28 de enero de 2015

La formación de capital

Una economía moderna exige una inmensa variedad de bienes de capital. Los países deben abstenerse de consumir actualmente para dedicarse a una producción indirecta fructífera. Pero ahí está lo malo, pues los países más pobres va se encuentran casi en el nivel de vida de subsistencia. Cuando una persona es pobre, la reducción del consumo actual para poder consumir en el futuro parece imposible. 
Los líderes en la carrera del crecimiento invierten al menos un 20 por ciento de la producción en formación de capital. En cambio, en los países agrícolas más pobres a menudo sólo es posible ahorrar el 5 por ciento de la renta nacional. 
Por otro lado, una gran parte de este bajo nivel de ahorro se dedica a proporcionar a la creciente población vi- vienda y herramientas simples. Poco queda entonces para el desarrollo. Pero supongamos que un país ha conseguido elevar su tasa de ahorro. Aun así, tardará muchos decenios en acu- mular las autopistas, los sistemas de telecomunicaciones, las computadoras, las centrales eléctricas y demás bienes de capital sobre los que se sustenta una estructura económica productiva. Sin embargo, incluso después de adquirir las computadoras más sofisticadas, los países en vías de desarrollo deben construir primero su infraestructura o capital social fijo, que consiste en grandes proyectos de los que depende una economía de mercado. Por ejemplo, un asesor agrícola regional asesora a los agricultores sobre nuevas semillas o cultivos; un sistema de carreteras une los diferentes mercados; un sistema de sanidad pública que inocula a la población contra el tifus o la difteria la protege de las personas 110 vacunadas. 
En cada uno de estos casos, sería imposible para una empresa emprendedora recoger los beneficios sociaies generados, ya que no puede cobrar a los miles o incluso millones de beneficiarios. Como consecuencia de las grandes indivisibilidades y de los efectos externos de la infraestructura, el Estado debe intervenir para realizar o garantizar las inversiones necesarias.
En muchos países en vías de desarrollo, el problema más acuciante es su baja tasa de ahorro. En las regiones más pobres, sobre todo, el consumo actual urgente compite con la inversión por los recursos escasos. La consecuencia suele ser un nivel demasiado bajo de inversión en el capital productivo tan necesario para acelerar el progreso económico.

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