viernes, 12 de diciembre de 2014

Aranceles de represalia.

Aunque algunas personas estén de acuerdo en que un mundo de libre comercio es el mejor de todos los mundos posibles, señalan que no es el mundo en el que vivimos. Afirman: «Mientras otros países limiten las importaciones o discriminen a nuestros productos, no tendremos más remedio que jugar al mismo juego para defendernos. 
Estaremos de acuerdo con el llore comercio mientras sea limpio. Pero debemos jugar en igualdad de condiciones.» Aunque este argumento parece sensato, no está bien fundamentado en el análisis o la historia económicos. Como hemos visto, cuando otro país eleva sus aranceles, es como si elevara sus costes de transporte. 
Pero si Francia decidiera frenar el comercio poniendo minas en sus puertos, ¿deberíamos minar los nuestros? Pocos pensarían que sí. Del mismo modo, si otros países decidieran reducir su vitalidad económica imponiendo aranceles sobre sus importaciones, no sería sensato perjudicarnos aún más imponiendo también nosotros aranceles. 
El único sentido posible del argumento de que debemos tomar represalias cuando un país eleva sus aranceles es que nuestra amenaza pueda disuadirle de elevarlos. Esa fue la justificación que dio explícitamente el gobierno de Estados Unidos cuando defendió en 1982 la protección (en el Economic Report of the President):
La intervención en el comercio internacional... aun cuando sea costosa para la economía de Estados Unidos a cono plazo, puede estar justificada, sin embargo, si cumple el propósito estratégico de elevar el coste de la política intervencionista de otros gobiernos. Así pues, unas medidas debidamente diseñadas pueden desempeñar un importante papel... destinado a convencer a otros países de que reduzcan las distorsiones de su comercio.

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