miércoles, 3 de septiembre de 2014

Fijación de un objetivo para el crecimiento de la producción nominal

Fijación de un objetivo para el crecimiento de la producción nominal. Ante la creciente inestabilidad de la velocidad, algunos destacados macroeconomistas han defendido la fijación de un objetivo para el crecimiento del PIB nominal en lugar de la oferta monetaria. Se basan esencialmente en el argumento de que el banco central está encargado de garantizar la estabilidad de los precios. Como la producción potencial real tiende a crecer de una manera relativamente uniforme, la fijación de un objetivo para el crecimiento de la producción nominal a largo plazo garantizará una tasa de inflación igual al crecimiento de la producción nominal menos el crecimiento de la producción potencial real. 
Este objetivo tiene la doble ventaja de permitir al banco central centrar la atención en las variables económicas últi mas y permitir al mismo tiempo que las reglas del bánco se adapten a la cambiante estructura económica. Quienes critican las reglas rígidas se preguntan si estas pueden mejorar - . ..Imente Jos resultados económicos. Apuntan al experimento monctarisla de 1979-1982, que es el caso en el que Estados Unidos se ha aproximado más a un sistema de reglas fijas. En ese período se desencadenó la reccsión más profunda que se ha registrado desde la Gran Depresión y después de 1983 se abandonaron los rígidos procedimientos operativos. 
Los escépticos temen que la economía sea demasiado compleja para que se rija por unas reglas fijas. Haciendo una analogía, se preguntan si defenderíamos la imposición de un límite de velocidad fijo para los automóviles o un piloto automático para los aviones en lodos los tipos de climatología y emergencias. El debate sobre las reglas y la discreción es uno de los más antiguos de la política económica. 
No existe un enfoque que sea el mejor en todo momento y en todo lugar. De hecho, el dilema refleja la dificultad que tienen las sociedades democráticas para elegir entre las medidas a corto plazo destinadas a conseguir el apoyo político y las medidas a largo plazo encaminadas a aumentar el bienestar general. Lo que se necesita no es una obediencia rígida a las reglas, sino una dedicación al bien público que tenga suficiente visión de futuro. Paradójicamente, una de las autoridades económicas más aclamadas desde la Segunda Guerra Mundial ha sido el presidente de la Reserva Federal Paul Volcker (1979-1987), cuyo mandato se caracterizó por los acusados cambios discrecionales de la política destinados a reducir la inflación y a proteger e! sistema financiero del país. Su éxito en las dos áreas es un testimonio de la fuerza que tienen las medidas discrecionales sensatas y desinteresadas.

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