sábado, 30 de agosto de 2014

REGLAS FIJAS O DISCRECIÓN

Hemos visto que la política fiscal y monetaria puede estabilizar en principio la economía. Muchos economistas, especialmente los que siguen la tradición keynesiana, creen que los países deben tomar medidas en la práctica para allanar las oscilaciones del ciclo económico. Otros se muestran escépticos respecto a la capacidad para predecir los ciclos y tomar las medidas oportunas en el momento oportuno por las razones oportunas; este segundo grupo liega a la conclusión de que no es posible confiar en que el gobierno utilice bien la política económica, por lo que debe limitarse estrictamente su libertad para intervenir. 
Por ejemplo, los conservadores fiscales temen que sea más fácil para el Congreso aumentar el gasto y bajar los impuestos que lo contrario. Eso significa que es fácil aumentar el déficit presupuestario durante las recesiones, pero mucho más difícil dar un giro y volver a reducirlo durante las expansiones, como exigiría una política fiscal anticíclica. Por ese motivo, los conservadores han intentado varias veces limitar la capacidad del Congreso para asignar nuevos fondos o aumentar el déficit.
Al mismo tiempo, a los conservadores monetarios les gustaría atar de pies y manos al banco central por medio de una regla que rigiera el crecimiento monetario o que estableciera determinados objetivos. Por ejemplo, en lugar de que el banco central aumentara o redujera la oferta monetaria en respuesta a la situación económica, los monetaristas proponen que siga una política para aumentar la oferta monetaria a una tasa constante. Ese sistema tendría la ventaja de eliminar la incertidumbre en los mercados financieros y aumentar la credibilidad del banco central como luchador contra la inflación.
En un plano más general, el debate sobre las «reglas o la discreción» se reduce a saber si la incertidumbre y el posible abuso en las decisiones ilimitadas anulan las ventajas de la flexibilidad en la toma de decisiones. Quienes creen que la economía es inherentemente inestable y compleja y que los gobiernos generalmente toman decisiones prudentes se sienten cómodos dando a los responsables de la política económica amplia discreción para reaccionar agresivamente con e! fin de estabilizar la economía. Quienes creen que los gobiernos constituyen la principal fuerza desestabilizadoru de la economía que son propensos a errar en sus valoraciones y a la venalidad se muestran partidarios de atar de pies y manos a las autoridades fiscales y monetarias.

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